27 de mayo de 2014

Si me queréis, Paula Bonet

 
En abril estuve trabajando todo el mes en Valencia. Me integré súper bien y casi me nombran fallera mayor de mi escalera. Pero eso no viene al caso.

El tema es que antes de irme de la ciudad anoté en mi agenda las direcciones de dos sitios bonitistas que tenía la obligación de visitar. Los afortunados fueron el showroom de Kenay Home y Gnomo, así que ese día me arreglé un par de horillas antes y me fui a caminar yo solica con mi mp3 del pleistoceno (iba a decir iPod, pero es que no tengo - Nota mental: comprar un iPod -) en busca de la felicidad. 


Bueno, bueno, bueno



A las dos tiendas entré con más vergüenza que otra cosa. Cuando voy a un sitio que conozco por redes sociales me da palo, es como cuando te encuentras con tu artista favorito y piensas "lo sé todo de ti y tú no sabes ni cómo me llamo" y claro, vergüencita time.

Kenay Home me encantó, di un paseo rapidísimo (si a la vergüenza natural le añades que estaba sola en la tienda, doble combo, salí pitando) pero me dio tiempo a retener en la retina sus boniteces. Definitivamente quiero una casa Kenay.

Después, paseando y sin perderme, un auténtico logro para mí, conseguí llegar a Gnomo.  


En Gnomo venden, como ellos dicen, objetos absolutamente imprescindibles para la supervivencia contemporánea.


Y tanto que sí.



Dentro de la tienda llena de objetos absolutamente imprescindibles para la supervivencia contemporánea te quedas como hipnotizado por sus cositas. De hecho se lo dije a mi compi y a la semana siguiente volvimos los dos.

El día que repetí la visita nos largamos muy rápido de la tienda porque no llegábamos a tiempo para colocar los focos de Microteatre y también porque temíamos pecar muy mucho. Y si a mí la maleta de vuelta a casa no me cerraba sin haber comprado nada en todo el mes, imagínate si me dedico a abrir el monedero como una loca.


Y es que sufrí un flechazo. 







Sí señora. A mi amor platónico por Patrick Swyze y mi obsesión por las brujas de El mago de Oz le tengo que añadir ahora el fanatismo incondicional que le debo desde ese momento a Paula Bonet. Bueno, a sus ilustraciones y ese libro que entran ahora mismo como un superhit de los 40 Principales en mi "güislis" (wishlist) o para ti, amigo de la LOGSE, "lista de deseos".








Y al parecer llego tardísimo al descubrimiento, pero ¡me-dai-gual!





 
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