4 de febrero de 2014

Volando voy (I)

 
Cuando volví de mi primer viaje transatlántico (qué bien suena eso) juré contároslo en el blog. No sabía que iban a pasar tres meses hasta que eso ocurriera, pero aquí estamos, para cumplir. Que no se diga.

Antes de nada, os advierto que no puedo dar muchos datos exactos. Cada paseo y descubrimiento era improvisado. Aventura total.

Todos los sitios que he conocido ha sido fruto de la casualidad. Lo importante es que está grabado en mi retina, así que intentaré expresarme claramente para que disfrutéis conmigo de la experiencia.




Día 1

Este día no cuenta porque lo pasé enterito entre aviones. Madrid-Miami-México D.F. Según llegamos, a la cama.

Esta, en el aeropuerto de Miami. La primera de unas cuantas obstructoras de arterias. 


Día 2

Nos alojaron en un hotel muy cuco de la colonia Polanco. La zona tiene unas casas de estilo colonial preciosas. Fue muy agradable pasear entre aquellas calles, por el parque Lincoln y desayunar en Casa Portuguesa (anda que ya nos vale... pero nos lo recomendó un mexicano). Recuerdo que tomé chilaquiles de pollo y huevo y lo acompañé con un jugo de pomelo, piña y manzana . Yo pensaba que iba a ser demasié para mi body que está acostumbrado a una infusión y un bollito, pero no, era riquísimo y nada pesado.
A parte del paseo matutino y de una prueba de peluquería, caminamos por las calles comerciales del centro histórico hasta llegar al Zócalo, que no pudimos disfrutar porque estaban montando una feria del libro y estaba todo lleno de carpas. Pero pude entrar un momentito a la Catedral  y ojear por un agujerillo el Templo Mayor azteca.




Le pregunté al asistente que nos acompañaba si sabía el por qué del deterioro del Templo y me dijo que los españoles nos llevamos sus piedras para construir nuestras catedrales. GLUPSSS! Tierra trágame, rencorcito time.

Se nos fue el santo al cielo y tuvimos que hacer comida-merienda-cena a las 5-6 de la tarde. Pedimos unas Coronas, tacos y gringas riquísimas en el Salón Corona y a dormir prontito, que el día siguiente sería duro. Nos quedamos con ganas de ir a La Bodeguita del Medio, el famoso bar cubano en DF, pero estábamos derrotados. 

Ricochuras que engordan en el Salón Corona


Día 3

Comienza el rodaje en Xochimilco, una de las 16 delegaciones del Distrito Federal. Vaya sitio máááááás bonito. Lleno de color y de buen rollo.
Xochimilco es considerado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

¿Hace un paseíto?


Rodamos entre trajineras, unas embarcaciones coloristas que pueden acoger más o menos 20 personas. Durante aquella mañana pasaron en sus trajineras vendedores de dulces típicos, mazorcas de maíz, patatas... También rodamos en el centro de la ciudad y el ambiente buenrollero era el mismo. Eso sí, debe haber como 800 colegios porque yo ná más que veía criaturitas en uniforme...

Esa noche cenamos en Primos, un restaurante de la colonia Condesa. Todavía puedo saborear mi sándwich de ternera con salsa de carne. Esa cena fue muy especial para esta mí porque pude conocer a Paco Morales, un ex componente de La Década Prodigiosa (yo estuve en el grupo unos meses) que actualmente triunfa en el DF con el papel del Mago de Oz en el musical Wicked (mi favorito, muchos ya lo sabéis). Me sentí como cuando una adolescente va a conocer a su ídolo. Paco es un tío admirable.



Día 4

Volamos a Cancún. ¡YIIIIUJUUU!
Llegamos a Tulum por la tarde-noche y sólo alcanzamos a dar un paseo y tomar algo antes de acostarnos. 
Al principio me dio mucho respeto porque nuestro hotel estaba dentro del pueblo y apenas había alumbrado por las tormentas de días anteriores. No era el típico complejo hotelero a pie de playa, aunque al final acabé agradeciendo estar allí. Ahora vais a saber por qué.

Cuando le preguntamos al recepcionista por un supermercado para comprar algunas cosas dijo
- Pueden ir por este lado pero... mejor no, mejor vayan por donde hay luz y hay más gente.

Miedito. Yo iba agarrada al brazo de mi compañero como un monete recién nacido a las teturrias de su santa progenitora, pero en cuanto llegamos a la "civilización", es decir, cuando vimos una calle con gente y tiendas de souvenirs, todo fue rodado. La sensación final que me llevé de aquel sitio es de una energía positiva, de vida slow... Quiero volver, conseguí sentirme como en casa en dos días. Si hubiera estado encerrada en un hotel con todo a mi alcance no hubiéramos visto cómo vive allí la gente. Pude ver gente hablando maya, ¡MAYA!


Vista desde mi habitación


Día 5

Ese día me levanté a las 2 a.m para pasar por chapa y pintura y rodar temprano. El maquillador (Hugo I love you!!!) intentó hacer lo que pudo con mi pelo pero el agua de allí me lo dejó bastante regulero. Si vais por aquellos lares llevad acondicionador en cantidades industriales.

Intentamos rodar en la playa al amanecer pero jarreaba que daba gusto y no sabéis qué instantes mágicos fueron aquellos. La lluvia sobre la arena blanca, el cielo y el mar no se distinguían. Como no se pudo hacer nada, nos llevaron a un Cenote y ¡ALELUYA! salió el sol.

Ay madre, qué lugar... los cenotes son algo así como pozas que se forman cuando el suelo se disuelve a causa de la humedad y da paso a cavernas inundadas. Cuando la caverna se colapsa por la erosión nacen los cenotes. Espero haberlo explicado bien. 
Tuvimos el placer de rodar una secuencia en el agua. Estábamos sudando como pollos y agradecimos el chapuzón... y eso que era principios de noviembre. 

Cosas que te puedes encontrar en el cuarto de baño de un cenote


Fuimos a otra playa. Me bañé en el Caribe por primera vez en mi vida. La primera vez que pruebo el Caribe y lo hago vestida y repitiendo tomas una y otra vez... No sé cómo explicaros la revolera que se me pone cuando pienso estas cosas. Me pongo tierna, oye.

Al final del día nos dejó de hacer gracia porque estuvimos en el agua nada más y nada menos que 4 horas. Llegó un momento en el que suplicábamos terminar. Imaginad estar 4 horas con la ropa pegada al cuerpo y unas botas que de por sí pesan un quintal, llenas de arena y agua... y correr con ellas por la playa.

Los colores de Cancún, ¿cómo te quedas?


Día 6

Nos despertamos prontito (yo tenía el ojo abierto a las 6 porque me acosté a las 9 de la noche rota de cansancio) para ir al aeropuerto y volar a NYC!

Pero esto ya... para otro capítulo. 








 
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